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Full text of "La Esperanza Ha Nacido Muerta"

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Concepto COLABORACIÓN CON DESCONTROL 


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LA ESPERANZA 
HA NACIDO MUERTA 


Autor: José Icaria 
Ilustración portada: Ana Palacín 


ISBN: 978-84-17190-21-7 
Depósito Legal: B 5209-2018 

Editado, diseñado, maquetado y impreso por: 
Descontrol Editorial - www. descontrol, cat 
editorial@descontrol.cat 


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LICENCIA CREATIVE C.OMMONS 

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LA ESPERANZA 
HA NACIDO MUERTA 
José Icaria 


DESCONTÉ! 



El más terrible de todos los sentimientos 
es el sentimiento de tener la esperanza muerta. 


Federico García Lorca 



A la esperanza. Yo la vi una vez brillar en los ojos de una 
niña, que había recuperado su caja de juguetes, en medio de 
un desahucio, y atravesaba, sonriente, un pasillo flanqueado 

de antidisturbios... 

A Juani, por su apoyo; a los Bio-lentos, por cabalgar el 

sueño. 

A Descontrol, por apoyar la poesía crítica en Barcelona. 
Quizá de forma prematura, si tenemos en cuenta 
que aún nos contamos entre los vivos... 



PRÓLOGO 


En una ocasión pude escuchar, entre las brumas de un 
cenáculo de poetas, a alguien que, copa en mano, bro¬ 
meaba: «¿Sabéis qué os digo a todos? Que si no fuera..., 
me gustaría ser José Icaria». En efecto, José Icaria parece 
predestinado a reposar en los escalones de la Academia, 
mientras pela tranquilamente unas pipas... 

Y sin embargo, me consta que José Icaria se encuen¬ 
tra perfectamente cómodo en ese papel, una especie de 
vía ascética a la que le conduce la práctica del ejercicio 
poético, alejada de cualquier pretensión que no sean los 
supuestos que le animan, porque, como él dice, no sa¬ 
bemos hacerlo de otra manera, o, a estas altaras, para qué 
estropearlo... 

Prontamente huido de los escenarios asociados a los 
recitales convencionales, pero también de los que con¬ 
gregan a un público inusualmente masivo, ha desarro¬ 
llado la mayor parte de su actividad en grupos como 
Aude y finalmente, Los Bio-lentos (Poesía al Rescate), 
en la calle, especialmente en lugares donde se practica 
la desobediencia. Junto a los recitales se han organizado 
también acciones poéticas, como la campaña de apoyo 
a los mineros («La poesía con la minería»), o contra la 
especulación inmobiliaria (sucesivos «Ratsodes»). Los 
Bio-Lentos también coordinan un par de micro oberts 
en Barcelona, en un claro compromiso con la poesía 
porque sí (la que no busca el aplauso; aquella que, en 
suma, sigue el precepto lizaniano: «el poema, no el poe¬ 
ta»). 

Los poemas que componen este libro corresponden, 
en su mayoría, a los últimos años de su experiencia jun- 


9 


to a Los Bio-Lentos (cuya primera aparición se remonta 
a mayo del 2012, con la simulación de una carga contra 
una sentada de la Pah, y la posterior actuación poética, 
dentro de los actos del primer revival del 15-M). 

Se trata, a menudo, de poemas de una cierta extensión, 
cuyos versos son asimismo excepcionalmente largos, na¬ 
cidos del compromiso de una deconstrucción exhausti¬ 
va de los bochornosos tiempos que nos toca vivir, esto 
es: de redistribución de la riqueza bajo el disfraz de cri¬ 
sis, ante unas máscaras que caen, una tras otra, sin que 
realmente ocurra nada, bajo una recurrente maniobra 
de mixtificación. 

El ritmo adquiere una gran importancia: José Icaria 
tuvo algunas dificultades al empezar a trabajar con poe¬ 
mas tan extensos: Paula o el llanto requirió de esfuerzos 
suplementarios: las diferentes partes se elaboraron bajo 
estados de duermevela, con la intención de mantener la 
tensión siempre constante. 

También adquirió la costumbre de pasear los poe¬ 
mas, con el fin de ajustar rítmicamente las estrofas. Se 
trataba de recitar los poemas que acababa de escribir a 
través del pasillo de casa, mientras las palabras se iban 
acomodando a la cadencia rítmica deseada. 

Había también un compromiso literario en cada 
uno de los poemas (tanto en los más abstractos como en 
aquellos más narrativos), una voluntad de originalidad 
y una clara intención en la contundencia del enfoque, 
cuya eficacia podía tender, tanto a un ajuste de cuentas 
con el poder, como a la crítica hacia las distintas for¬ 
mas de connivencia e incluso complacencia, haciendo 
especial hincapié en los hitos que nos han conducido 


10 


desde la llamada Transición hasta las últimas burlas de 
la posverdad. 

La esperanza ha nacido muerta. El luctuoso títu¬ 
lo no pretende sumirnos en la desesperanza, constata 
simplemente su imposibilidad en un mundo basado en 
los actuales parámetros políticos y económicos. Por de¬ 
bajo de todos los fenómenos aparentes, sólo el avance 
imparable del neoliberalismo permanece como real y 
constante. 

Los poemas de este libro confirman las sucesivas 
derrotas en los distintos frentes, pero también suponen 
un canto al inconformismo y la desobediencia, y, por 
último, celebran el triunfo de la invicta poesía: una flor 
extraña que vive ajena a la lógica del darwinismo so¬ 
cial (y a las amigables tendencias, dentro de la propia 
poesía), un objeto sin objeto, como todo lo que de ver¬ 
dad importa, en un espacio cada vez más constreñido al 
pragmatismo. 

La esperanza ha nacido muerta constituye, en primer 
lugar, una reflexión sobre este cnl de sac al que nos ha 
conducido el neoliberalismo; y, en segundo lugar, una 
invitación a pensar las formas (no aparentes) posibles de 
escapar de él. 

Estos poemas -en palabras del propio José Icaria- 
suponen también un agradecimiento a todas las perso¬ 
nas solidarias que han aparecido en el camino, y van de 
vuelta, en compensación por todo lo aprendido de ellas 
y de los diferentes colectivos. 

Pepa Puerro, poeta y ensayista. 


11 



1 


El espectáculo (...) es una imagen de unificación feliz, 
rodeada por la desolación y el espanto, en el tranquilo 

centro de la desdicha. 


Guy Debord 



El camello visitó Sthetic Center 


Alfinal, s'ha comprovat, els camells 
arriben a passar peí subtil eos d'una agulla. 

Miquel Baufá 


El camello visitó Sthetic Center 
(no te pongas en manos de cualquiera) 
y, sin grandes trabajos, 
pasó por el ojo de la aguja. 

Y al hacerlo dijo: 
amigas, hay que cuidarse, 
y, Europa va bien, 

y, vivimos en una sociedad que valora tanto la imagen, 
y, Santo Súbito , 

y entonces apareció Manolo, el del bombo, 

tamboreando las consignas, 

y una multitud se echó a la calle, 

gritando: por favor, orinadnos en la cara, 

y los ricos se apeaban de sus jaguars 

(oh, los perfumes, los modales, las corbatas): 

y, con mucho gusto, decían, no tienen de qué preocuparse; 

y los pobres -no mucho mejores- sonreían, 


15 


sintiéndose clase media: 

oh, siempre ha sido asi, desde luego, repetían: 

es ley de vida, 

y toda suerte de adverbios y refranes populares. 

Y es aquí donde la náusea me invade, y surge el vómito, 
violento. 

Pero sirve de poco: con infinita 
paciencia, alguien lo recoge, 
y lo encuentro de nuevo en el plato, 
a la hora de la cena. 


16 


Me digo radical 


Me digo radical 

porque etimológicamente busco 
en la raíz de las cosas. 

Me digo radical 

porque poéticamente detesto 

andarme por las ramas. 

Me digo radical 
porque estoicamente podo 
las rosas y dejo las espinas. 

Me digo radical 

porque diariamente siembro 

una semilla entre las rocas. 

Me digo radical 

porque periódicamente riego 

con sangre las heridas. 

Me digo radical 

porque desesperadamente aguardo 
el fruto de la lucha. 


17 


Impotencia 


Sentimos, ante los altos robots acorazados de la policía 
(que sabemos también despedazar, 
como un ejército de hormigas a una langosta), 
la misma impotencia que siente el burgués 
cuando entran en su casa y atan y amordazan a su 
familia. 


No tiene sentido ahora condenar o no la violencia. 
Hubo centenares de despedidos, 

y se brindó con champán, por el futuro de la empresa, 
en esa misma casa. 


18 


Jornada de reflexión 


Mañana prolongaremos un poco más la agonía 
del señor Valdemar. Acudiremos 
al pútrido estanque y verteremos allí 
nuestros plateados, dorados peces 
de papel. Estéril papiroflexia 
de apellidos: espermatozoides que pugnan 
por alcanzar el sagrado óvulo del Euro. 


Acudiremos, 

demostraremos que aún seguimos vivos, 
arrojando una paletada de tierra 
sobre nuestro féretro. 


19 


Oda al obrero de derechas 


Entre egoístas , las experiencias de clase y solidaridad son 

imposibles e intrascendentes. 

Ronald Aronson 


Te deslizas, por la vida y por el calendario, con la sutil 
habilidad de un aromático y esférico excremento, 

hábilmente amasado, conducido y modelado por el siem¬ 
pre leal y paciente, intercambiable, escarabajo pelote¬ 
ro. 

Frustrado Sancho Panza, tus refranes se reducen a esló- 
ganes televisivos: «la culpa es de los mercados», «la 
prima de riesgo está por las nubes», «al final, reconoz¬ 
cámoslo: hemos vivido por encima de nuestras posibi¬ 
lidades». .. 

Amasando, conduciendo, modelando tu cerebro, tu pro¬ 
pio cuerpo, por las áridas, onduladas arenas del de¬ 
sierto. 

En tu breve código genético de artrópodo se inscribió la 
básica programación: llegar a fin de mes, pagar la hi¬ 
poteca, tener una casa propia. 

Pero las boñigas escasean (de nuevo, época de vacas fla¬ 
cas), y debes aprender a recortar tu presupuesto, a 
reducir tu descendencia, a cercenar tus expectativas 
vitales. 


20 


Se trata sólo de amasar tu cerebro, de modelar, un poco 
más, tu cuerpo, de conducir, la vida y las opiniones, 
por el camino correcto: «ya vendrán tiempos mejores», 
«claro que robaron, pero también se creaba trabajo». 
«Toca hacer sacrificios, debemos adaptarnos». 

Los excrementos escasean, la economía desacelera: cre¬ 
cemos, lamentablemente, más despacio. Nos vemos 
obligados a competir con coleópteros del sudeste asiᬠ
tico. No queda más remedio: habrá que bajar los sa¬ 
larios. 

¿Huelgas? ¿Sirven para algo que no sea perder dinero? 

Amasando tu cerebro, modelando tu conducta, condu¬ 
ciendo tu cuerpo por el camino correcto. 

La crisis adquiere ya proporciones dramáticas. Se ha ido 
todo a la mierda. Al fin se ha destapado: todos están 
cubiertos de mierda. 

Y, aunque la vida es una mierda, no queda una puta mier¬ 
da para nadie. 

Pero, si realmente estás motivado, si eres proactivo y 
tienes espíritu de superación, aún puedes ser un au¬ 
téntico mierda, ganar una puta mierda y llevar una 
vida de mierda en un asqueroso y jodido mundo de 
mierda. 


21 


Casilla de salida 


Vuelvo al Inem. 

Regreso a la casilla de salida, 

de donde quizá jamás 

me habré movido un centímetro. 

Me recibe el viejo segurata, 

con su cuerpo fondón, la pronunciada 

chepa y el viejo peluquín. 

Lo sé, he de guardar tanda, 
aunque concertara cita previa. 

Pululan, a mi alrededor, extraños seres, 
incapaces de volar, con su andar torpe y erguido: 
perfectamente aptos para realizar, 
con el debido entrenamiento, 
cualquiera de los absurdos trabajos que, 
a lo largo de mi vida, he desempeñado, 
y, por qué no, de ascender a encargados, función 
que requiere aun menor destreza. 

En este momento, 

estarán almorzando en muchos de esos sitios; 
regresarán después a sus puestos de trabajo 
(en la radio, continuará sonando la música de tu 
vida, 

sólo éxitos de los sesenta, los setenta, los ochenta y los 
noventa): 

algunos en silencio; vociferando otros, 
alardeando de todas las nimiedades que componen 
su mezquina existencia. Escupiendo su odio 
contra el chivo expiatorio de turno 


22 


(la vida se vuelve tosca en espacios reducidos). 
Algunos de aquellos, dignos luchadores, 
habrán muerto de cáncer, o de puro aburrimiento. 

La gente de mi edad se rascará el culo por la mañana, 
ante el espejo, mientras contempla el íntimo declive. 
Las mejores mentes de la nueva generación 
partirán a trabajar a Alemania, 
mientras que los mismos sinvergüenzas de hoy, 
o sus hijos, continuarán impunes el expolio. 

La funcionaría, enraizada a la silla, pregunta 
(un gusano asoma de su boca, mientras habla): 

- ¿Tienes algo más que añadir a tu currículum? 
-Tan sólo -respondo, con calma- un poco más 
odio. 


Una envasadora, en Vícar, Almería 


Operarías de una envasadora, 
en Vícar, Almería, 

continúan trabajando hasta quince minutos 
después de que muriera un joven 
en el puesto de trabajo. 

...Gira ahora, 
en la cadena de montaje, 
una progresión de acordes para balada folk, 
pero no hay palabras que envasar en los compases: 

¿Por qué no detuvieron antes la máquina? 

¿Por qué no ardió la fábrica? 

Lentamente se extingue la música, 
mientras son sustituidos 
el operario y la emisora en el dial. 

Bienvenidos a Radio Melodía, la música de tu vida. 
Aprovechan, algunas operarías, para hacer sus necesidades. 
Es tarde ya, para otras: la encargada las humilla 
al pedir la llave del baño. 


Suena la sirena 
y, mientras Shakira atruena en la radio, 
se reanuda la línea de producción. 

Doscientas operarías espontáneamente arden 
en una maquila, en Vícar, Almería, 
un día cualquiera, mientras anochece... 


24 


Homenaje a los estibadores 


Vamos a necesitar una buena plantilla de estibadores, 
para empaquetar en fardos a los políticos, 
los empresarios, ah, empresarios, 
las televisivas marionetas, 
y todos sus portátiles, tablets y smartpbones, 
sus tarjetas black, sus escándalos y sus comisiones, 
y también, cómo no, sus beatíficas 
depresiones, que los exculpan oportunamente de la 
cárcel, 

y a los obispos y a los obejorros, 

que liban las flores de privilegios heredados, 

suspendidos, como colibríes, en el aire, 

al vibrante vuelo de sus faldas, 

y a los obreros zombis de derechas, 

que hablan de privilegios, y de huelga salvaje, 

mientras que un ojo se les descuelga, 

y la bilis, largo tiempo acumulada, 

se les derrama por el pecho. 

Sí, vamos a necesitar muchos estibadores, 

para empaquetar en fardos todos esos residuos, 

y transportarlos a hombros, con todos los honores, 

hasta los respectivos contenedores portuarios, 

y de allí, a un barco sin regreso, 

que naufrague (igual que zozobran nuestras vidas), 

en un punto prudentemente alejado de la costa, 

donde esos hilillos de plastilina 

se derramen, para ejemplo 

de las generaciones venideras. 


25 


Poema para la Txivi 


A la Txivi 


Caminas sobre el filo 
de la vida y la libertad, 
sobre un viejo disco oxidado, 
a 77 revoluciones por minuto: 
cristales rotos crepitan bajo tus pasos 
y la aguja deja un rastro 
de sangre entre los surcos. 

La música obsesiva de Robert Wyatt 
te mece ahora, y flotas en el sueño, 
en un cuadro de Magritte, o de Kandinsky, 
y de nuevo, las fuerzas del lado oscuro truquen 
de matinada , e irrumpen en el sueño: 
¡¡¡POLICÍA, POLICÍA, POLICÍA!!!, gritan, 
como gorilas mutantes: coreografía 
de videojuego, las armas te apuntan con el láser. 

Y la pesadilla se prolonga, mientras desciendes, 

por túneles oscuros, en el sueño, 

junto a José Carlos, Juan José, Yolanda y Xabier 

(los llamados «Cinco de Sabadell»), 

acusados de enaltecimiento del terrorismo 

y pertenencia a banda armada, te dice, 

el funcionario; le dice, a Joseph K, en el sueño. 


26 


Desciendes por túneles oscuros, sinuosas galerías 

(súbitos, metálicos portazos, 

la cadencia de la pálida luz, 

el eco mortecino de los pasos), 

y eres arrojada, en régimen FIES, 

a un angosto calabozo de paredes 

viscosas y palpitantes. Uno. Dos. Tres... 

Ciento veintitrés días. 

Y de nuevo, emerges a la vida, 

con renovadas fuerzas, con renovada ilusión: 

la Idea viaja roja por las venas, e ilumina, 

en la negra oscuridad. Y ahora, 

la Txivi es una antorcha, la Txivi es una bengala 

que vibra, en el tejado de una okupa, 

y en todos se derrama, con su luz... 


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Dignity 


Tryirí to read a note somebody wrote 
About dignity 

Bob Dylan 


Tus compañeros de trabajo, miserables y embru¬ 
tecidos, 

corroídos por la envidia y desprovistos 
de la más mínima conciencia de clase, 
te hacen involuntariamente el pasillo, 
mientras sales a reparto: 
en la lánguida emisora de la música de tu vida 
(imprescindible en todo centro de trabajo 
con cúrrelas de una cierta edad), 
está sonando Dignity, de Bob Dylan. 

He llamado yo, amor mío, y te la he dedicado... 


28 





Nosotros lo que hemos hecho es engañar a la gente. 

M. Rajoy 



El entierro de Suárez 


No hay poder capaz de fundar el orden por la sola represión 
de los cuerpos por los cuerpos. Son necesarias fuerzasficticias. 

Paul Valéry 


Al entierro de Suárez, 
en pleno acudió, 
compungida y sin boato, 
la modélica Transición. 

Los cadáveres en las fosas 
insistían, por favor, 
no remuevan el pasado, 
eso ya se nos pasó: 
la vida es con frecuencia dura, 
la bala apenas nos dolió. 

Y en el Valle, los Caídos, 
como muestra de amistad, 
celebraron un partido 
la víspera de Navidad. 

Los abogados de Atocha, 

el conserje de El Papus, 

los obreros de Vitoria 

y los de la Sala Scala 

fueron largamente ovacionados 

por la Asociación de Víctimas del Terrorismo, 


33 


mientras la propia presidenta, conteniendo la 
emoción, 
los condecoraba. 

Una división acorazada de elefantes, 
por Valencia, a altas horas desfiló, 
como muestra de conduelo 
de la Casa de Borbón. 

Catalunya enardecida 
también participó 
con un 3 de 9 amb folre 
de los Puig y los Pujol. 

En traje de baño de pana 
Felipe González arribó; 
le hacía de contramaestre, 

Alfonso Guerra, en el Azor. 

Mientras tanto en la bodega 

un motín se sofocó: 

un nutrido grupo de intelectuales 

sí, dijeron a la OTAN, donde antes fue que no. 

La Guerra Civil miraba, desde afuera, 
bajo un manto de silencio; 
evitaba su mirada lo política 
y culturalmente correcto. 

Fumando, Santiago Carrillo esperaba 
a los Pactos de la Moncloa, 

que, tomados de la mano del consenso y la cohesión, 
llegaban, con paso lento, justamente ahora. 


34 


De la Constitución, los Padres, seguían buscando un 
vientre de alquiler; 

Gutiérrez Mellado y Tejero, pegados, bailaban un 
tango; 

había café para todos: invitaba Mario Conde, 
mientras Torrebruno a la Carrá, no paraba de meter¬ 
le mano. 

Cerraban por fin el cortejo 
los cuartos de las doce campanadas 
y los de los sucesivos mundiales, 
el doceavo gol a Malta, 
una teta de Susana Estrada 
y otra, muy deteriorada, 
de Ana Obregón. 

Celebróse, por último, la misa: 
el monarca, en su discurso, 
apenas si se atropelló: 

«Mi querido amigo Adolfo, 
epítome de la Transición, 
en ti el olvido en alzheimer, 
por todos nosotros se somatizó... 

»Todo estaba atado y bien atado, 
pero todo lo cambiamos para que no cambiara nada: 
relegamos la historia a la política, la política al mer¬ 
cado. 

Y, mientras tú vuelves al polvo, 

nosotros, ahora y aquí, reflexionamos: 

de aquellos polvos, mi querido Adolfo, estos lodos...» 


35 


Elegía a Jesús Hermida 


Te vas... Jesús... Hermida... 
a lomos... de... tus ondas... 
rodeado... de... miríadas... de palabras... 
ingrávido... rebaño... que... 
ahora, huérfano... te-a... compaña... 

Oh, concéntrico y... me-recido... 
cinturón... de... as-teroides. 

Tú... que en tiempos... aún... oscuros... 
nos cogiste... de... la mano... 
y... nos... soltaste... en el Mar... de la... 
Tran-qui-lidad... Tú, que... sin mácula... 
en-gendraste... en Nieves... Herrero., 
el santo y... morboso... en-trete-nimiento. 
Descansa... ya, Jesús... Relaja... tus vértebras 
cer-vicales... Peina... tu... flequillo... 
Mientras... nosotros... aquí 
apenas... empezamos... a des-cubrir... 
la cara... oculta... de tanta... 
miseria. De tanta... des-vergüenza. 


36 


Barcelona expira 


Para Manel González, cuya experiencia en el Raval fue 
reconocida como «violencia inmobiliaria» por primera vez. 


Barcelona expira. 

Barcelona, la vieja Barcino, estimada Rosa de Foc. Barcelo¬ 
na, la sangre de un pueblo instruido que un día, tomó 
del montón. 

Barcelona expira. 

Barcelona, sumida en una noche interminable, culmina 
en el gran castillo de fuegos artificiales de los Juegos 
Olímpicos de Barcelona 92; 

Con Freddy Mercury y Montserrat Caballé (ese viejo ma¬ 
mut del Pleistoceno, cuyos huesos se han descubierto 
en Suiza y en Andorra), y los Manolos, y Peret, 

cantando Barceloooooonaaaaaaa, all my loving, Barcelo¬ 
na es poderosa, nainonainonai. 

Barcelona expira. 

Y el Tripartit y Ciu pusieron guapa a Barcelona, echando 
a la gente de sus barrios, especulando con cada palmo 
de terreno, con cada brizna de hierba, 

dejando morir de pena a los ancianos, exterminando la 
vida en aras del asfalto, el cemento y la tochana. 

Barcelona expira. 


37 


El Hotel Raval, el Forat de la Vergonya , los asesinatos de la 
Rué Robadors, el Fbrutn de les Cultures, el Hotel Vela, 
y, por supuesto, la gran polla de purpurina de la Torre 
Agbar. 

Barcelona expira. 

Por favor, sígame, sé lo que necesita, puedo proporcio¬ 
narle la mejor compañía, después de una dura jornada 
en el Mobile World Congress. 

Pero, si usted es un jeque árabe, podemos convertir el 
CCCB en un jacuzzi, para que repose tranquilamente 
con sus concubinas. 

Barcelona expira. 

Barcelona, la botiga més gran del món (con descuentos del 
3, el 5 y hasta el 10%), hoteles y un eterno tsunami 
de guiris, cerveza y vómito nocturno, puntualmente 
digerido por la diligente maquinaria de Barcelona 
Neta. 

Barcelona expira. 

Barcelona, un ejército de centuriones (antiguos pistole¬ 
ros al servicio de la patronal), una boa constrictor, que 
oprime a los pobres, 

y asciende, sinuosa, hacia los barrios altos, donde exhibe 
el lujo acumulado en sus brillantes escamas, junto al 
frío desdén de sus ojos reptilianos... 

Barcelona expira. 

Pero la riqueza nunca duerme tranquila. Sabe que, bajo 
la ciudad, palpitan los restos de un antiguo volcán, y 
que qualsevol nit pot sortir el sol del mundo nuevo que 
aún brilla en nuestros corazones. 


38 


El incidente 


Esta mañana, alrededor de las 7 horas, y sin motivo apa¬ 
rente, los habitantes del Estado Español han empeza¬ 
do a suicidarse. 

Lina de las primeras ha sido la escritora Belén Esteban, 
que a la sazón se encontraba en un plato de Telecirco, 
junto a Ana Rosa Quintana. 

La madre coraje se ha inmolado al grito de ¡Andrea libre!, 
dejando el suelo perdido de un polvillo blanco, como 
un fluorescente abatido.. 

A continuación, la propia Ana Rosa se ha machacado la 
cabeza, golpeándola, ante las cámaras, con uno de sus 
más recientes éxitos literarios. 

Centenares de toreros se han arrojado de espontáneos en 
las pruebas clasificatorias de lanzamiento de jabalina, 
dándose el estoque de gracia, unos a otros, cuando 
no morían en el acto. 

Bárcenas ha depositado en Correos decenas de cartas 
bomba dirigidas a diferentes casos aislados y horas 
después, recreándose desde su terraza con los fue¬ 
gos artificiales, ha invitado a su mujer a brindar con 
champán envenenado. 

Aznar, y la alegre comitiva que acudiera a la boda de su 
hija, se han sumergido en el depósito de aguas fecales 
de la comunidad madrileña y se han suicidado rete¬ 
niendo la respiración, a lo Diógenes. 


39 


Importantes directivos se han encerrado en acorazadas 
cámaras bancarias y se han adormecido con los gases 
de sus Audis. 

Representantes de los sindicatos mayoritarios y de la pa¬ 
tronal se han reunido en una marisquería y atiborrado 
hasta explotar. El suelo parecía el estómago diseccio¬ 
nado de un tiburón. 

Los presentadores de Master Chef se han asestado más 
de cien puñaladas con un cuchillo jamonero antes de 
expirar, mientras un fundido en negro se cernía sobre 
el aclamado «León come Gamba». 

Los entrevistados de TV3 contrarios a las huelgas de me¬ 
tro se arrojaban a su paso: las paredes se cubrían de 
grafios sanguinolentos. 

Los investigados, en las cárceles, se ahorcaban con sus 
propias corbatas, mientras los presos se santiguaban y 
admitían que eran unos señores. 

Los de las puertas giratorias ponían cuchillas en los extre¬ 
mos e introducían la cabeza cuando sentían expandir¬ 
se el aroma del ambientador en la calle. 

Los antidisturbios se golpeaban con sus porras extensi- 
bles, se disparaban pelotas de goma al plexo o a los 
ojos, usaban las armas reglamentarias y las otras. 

Los habitantes de los barrios altos destapaban los zulos 
del dinero negro y se hacían emparedar en ellos, junto 
a sus fieles mayordomos. 

Las multitudes, en los campos de fútbol, se golpeaban 
con palos, navajas o cadenas, hasta el penalti final, sin 
que nadie quedara para hacer sonar el silbato. 


40 


Las pijas, en las tiendas, pedían bolsas de sus marcas 
preferidas y se las ataban a la cabeza, hasta que deja¬ 
ban de respirar. 

Los evasores fiscales se lanzaban a las aguas, infestadas 
de tiburones, del Canal de Panamá, con bañadores 
amarillos. 

Los obreros de derechas se autodespedían y se golpeaban 
hasta la muerte con las armas de los antidisturbios fa¬ 
llecidos en acto de suicidio. 

Los agentes inmobiliarios incrustaban una cuña en el pe¬ 
dal del acelerador de las máquinas excavadoras y se 
arrojaban a su paso. 

El rey emérito se disculpó ante las cámaras y, después 
de jurar que no lo haría más, se descerrajó la cabeza 
de un disparo. 

.. .La sangre cubría la península de parte a parte cuando, 
al cabo de un día cesaron los puñales, cesaron los dis¬ 
paros. 

Los medios de comunicación especularon acerca de los 
motivos que originaran el incidente: 

El viento habría esparcido el hediondo olor que exhala¬ 
ban los cerebros en descomposición de nuestros que¬ 
ridos compatriotas, dando lugar a tan extraño com¬ 
portamiento. 

Porque España es una gran nación , llena de españoles 
y mucho españoles, concluyó, impertérrito, el presiden¬ 
te, aclamado por una estruendosa y unánime ovación 
del Congreso, puesto en pie. 


41 


La élite 


Sí, han ganado guerras, pero eso 
no los convierte en los reyes del diálogo. 

Poseen el poder económico, pero eso 

no los convierte en los reyes de la negociación. 

Poseen una esmerada educación cristiana, pero eso 
no los convierte en garantes de la Ética. 

Han ganado, repetidamente, las elecciones, pero eso 
no los convierte en no culpables. 

Poseen el control de las fronteras, pero eso 
no garantiza el libre tránsito, excepto del dinero. 

La prensa los califica como líderes, pero eso 
no les impide hacer el ridículo en las cumbres interna¬ 
cionales. 

Se llaman a sí mismos los garantes de la paz y del consen¬ 
so, pero eso 

no nos impide escuchar, tras su risa sardónica, el zumbi¬ 
do de los junkers alemanes. 

Poseen el poder de los medios de masas, pero eso, eviden¬ 
temente, 

no garantiza un adecuado acceso a la información. 


42 


Poseen el poder ejecutivo, legislativo y judicial, pero 
eso 

no les impide llamar a la farsa Democracia: «Una Demo¬ 
cracia avanzada, como la nuestra», repiten. 

Están ganando la guerra, como dijo Warren BufFet, pero 
eso, 

tampoco a ellos les protege del calentamiento global. 

Son los artífices de la burbuja inmobiliaria, de la crisis y 
la corrupción (distintas caras de un mismo poliedro), 
pero eso 

no les impide seguir dictando leyes contra las víctimas, 
seguir enriqueciéndose a sus expensas, como infectas 
garrapatas. 

Sí, todo lo poseen, incluso lo intangible: han reservado ya 
un sitio en el cielo, pero eso 

no nos impide a todos pensar que, de existir, arderían en 
el infierno. 

Y sin embargo yo, que nada poseo, tengo el poder de la 
mirada y, cuando mis ojos 

se clavan en los suyos, no les queda otra que bajarla, aun¬ 
que cobardemente rían, como ratas. 


43 


La eterna rotonda 


Los huesos de nuestros ancestros 
en el armazón de cientos de pantanos, 
conteniendo la sed de un pueblo. 

Los sueños de nuestros hijos 
sepultados en el asfalto: 
nofuture , autopista al infierno. 

¿Cuántas veces tiene una persona 
que orbitar la rotonda del así está montado 
fingiendo no ver? La respuesta, 
amigo mío, está escrita en el Fakebook. 


44 


Ajuste de cuentas 


La venganza callada de millones de muertos. 

Ángela Figuera 


A los niños, no les salían las cuentas en el colegio. 

Señorita no me sale. ¿Cómo no te va a salir, Fernando? A 
ver, empieza de nuevo. 

Y el niño, mientras limpiaba la pizarra, se sentía como un 
vendedor de clínex, en el semáforo. 

Está bien, ve a sentarte. Y ahora, fijaos bien. 

Tres por cuatro doce me llevo una, siete por cuatro vein¬ 
tiocho, me llevo... ¡Crack! 

(Se le había partido la tiza). Pero q-q-q, ¿qué es lo que 
pasa? 

Las escuelas colapsadas: a los niños no les salen las cuen¬ 
tas y tampoco a los maestros; 

el éxcel y las calculadoras devuelven invariablemente 
error; 

el informe Pisa relega un año más a España a la cola de 
la OCDE. 

Una comisión de expertos en investigación matemática 
se encargará de resolver el problema. 

Pero los días se suceden, y el informe queda sepultado 
bajo la diaria avalancha de noticias. 


45 


Por último, cuando la mayoría de los miembros han sido 
encarcelados (acusados de sedición o enaltecimiento 
del terrorismo) o desaparecido, en extrañas circuns¬ 
tancias, 

Wikileaks desvela al fin el controvertido veredicto de la 
Comisión Matemática: 

Preámbulo. Las cuentas no salen, ni saldrán nunca en este 
país 

-a menos que, como tradicionalmente ocurre, se falseen- por¬ 
que, señoras y señores: 

Primero. Ciento cuarenta mil muertos en las cunetas. 

Segundo. Trescientos mil niños robados. 

Tercero. Cientos de miles de millones de euros en Suiza... 

Conclusión: Un problema podrá resolverse si y solamente si 
correctamente se hubiere planteado. 

Valencia, 30 de febrero de 2017. 


46 


A por ellos, oé 


Y ahora van a por vosotros. 

José Suñé, Odo 


El A por ellos, oé 
(anhelada letra del himno, 
aunque no encaje, joder), 
contiene, como el polifónico 
y viril grito de Tarzán, 
una entrañable amalgama 
de inmarcesibles sonidos patrios. 

Destaca, en primer lugar, 

el Franco, Franco, Franco 

de las plazas atestadas, 

y el Que viva España, 

de Manolo Escobar, 

la meliflua voz del Caudillo 

y el trote hípico de la Guardia Mora, 

junto al zumbido de las Flarley Davidson. 

En segundo lugar, destaca 
el eco de obligados albañiles 
ajustando los ladrillos 
en acuáticos anfiteatros, 
cuyos muros apuntalan 
miles de esqueletos. 


47 


En tercer lugar, los disparos 
en el Campo de la Bota, al alba. 

En cuarto lugar, el crujido 
de las cervicales de los últimos 
ajusticiados a garrote vil. 

En quinto lugar, más disparos: 
interminables, en la mayor 
paliza de la historia; 
a quemarropa, en Atocha 55. 

En sexto lugar, 

el motor de los aviones 

que despegaban, con regularidad, 

de diferentes aeropuertos 

y, entre el pasaje -¿puede 

haber algo más común?-, 

monjas que acunaban, en sus brazos, 

bebés: bebés robados. 

En el lugar uve doble palito 

el fragor del fuego en el incendio 

de la Sala Scala, que pasó luego, 

sin apenas transición, de la costa, 

al resto de España. Resonó, 

de nuevo, el eco del ladrillo en la mañana. 

En octavo lugar, el puedo prometer 
y prometo, el avance informativo 
del rey, el por consiguiente, 


48 


el ara no toca , el España va bien, 
la Champions League de Zapatero 
y los casos aislados de un tal 
M. Rajoy. 


Y, en el no lugar 

-permitid que os sea completamente franco- 
el silencio. Los amplios espacios vacíos 
del pensamiento y la dignidad. 

La cacareada furia española 

se convierte en el maullido de un minino 

cuando se le aplica el termómetro 

del miserable salario mínimo, en relación 

con la subida de productos y servicios básicos. 

Nuestros ricos no pagan impuestos: el mantenimiento 

de la patria es cosa de pobres, y eso nos convierte 

en el pintoresco pueblo del sur, 

con su folclore y su picaresca, 

donde la universidad ya no es para los pobres, 

la vivienda se ha convertido en un lujo, 

los hospitales se caen a pedazos, 

se roba la pensión a los mayores, 

no se llega a fin de mes ni con tres trabajos, 

y los niños pasan hambre en el colegio... 

Y ahora, griten conmigo: 

¡¡Viva Honduras!!, ¡¡A por ellos, oéfi 


49 


El presidente de Iberdrola gana casi 42.ooo euros al día. El 


«Pobreza energética» 






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50 


Sermón del Padre Icaria 



... Durante el Acto Penitencial reconocemos que 
hemos pecado y pedimos perdón por nuestra falta 
de compromiso y manifiesta autocomplacencia. 
Luego vienen las invocaciones Así está montado , 
a las que el pueblo contesta: Qué se le va a hacer, 
para manifestar con claridad su arrepentimiento. 
Es bueno confesarse, al menos, una vez al mes. 

Y, si hay que confesarse en la misa, es preferible 
venir lo antes posible. 

https://youtu.be/k7uNtWLZnOM 


51 




Rumba de los Impriendedores 



Mi barrio está lleno de Impriendedores 
personas que buscaron la inspiración 
en sus corazones... 

https://youtu.be/zjqVkEWygyA 


52 






Nuestras películas y novelas de ciencia ficción se catalogan, 
cada vez más, en la sección de cine y literatura de terror. 


Zygmunt Bauman 



A través de la chimenea 


Anoche, desvelado, me asomé a la ventana y, 
más allá del cono de vapor que fosforecía 
bajo la farola, contemplé el haz de humo 
que exhalaba una casa suntuosa. 

Y, casi sin proponérmelo, 

descendí por el tubo de la chimenea 

y me introduje en el comedor 

(una planta abierta, aireada y extensa): 

el matrimonio reposa en el sofá, 

una viva llama hace crepitar los troncos... 

Mientras dormitan me pregunto 
cómo será la vida sin la angustia del mañana, 
qué se sentirá al saber que el mundo gira 
alrededor, no del Sol, sino del Dinero, 
y de los ideales propios de su clase. 

Un respingo del tipo me proyecta de nuevo 
-en un rápido remolino ascendente- 
a través de la chimenea, hacia el espacio. 

Y mientras floto en el aire gélido de la noche, 
me pregunto si (a pesar de que la profesión 
de uno de ellos sea la medicina), 
alcanzarán siquiera a imaginar 
la cuota de sufrimiento necesaria 
para mullir su abotargada felicidad. 


57 


En la sala de espera 


Permanezcan a la espera, todas nuestras líneas se encuentran 
ocupadas. 

En la sala de espera, todos desesperan, esperando. 

Los parados, un trabajo. De lo que sea, por lo que sea, 
como sea. 

Los cúrrelas, el salario. ¿Otro mes sin cobrar? Esto no hay 
quien lo soporte. 

Los funcionarios, el retiro. Me haré un plan de pensiones, 
por si acaso. 

Los enfermos, una cama, una prótesis, una lista de espera, 
una ambulancia. 

Permanezcan a la espera, todas nuestras líneas se encuentran 
ocupadas. 

En la sala de espera, todos desesperan, esperando. 

Los pensionistas, un aumento. Para ir al pueblo de al 
lado, mejor me olvido del Imserso. 

Los jóvenes, un trabajo en el extranjero. He de mejorar 
mi inglés, para que me hagan el griego. 

Permanezcan a la espera, todas nuestras líneas se encuentran 
ocupadas. 

En la sala de espera, todos desesperan, esperando. 

Los propietarios, los tiempos de bonanza. Verás como 
todo se arregla, en cuanto vuelva a fluir el crédito. 


58 


Los obreros de derechas, los dempos de Franco. Al me¬ 
nos, había trabajo. 

Los imbéciles, una nueva edición de Gran Hermano. Si 
no, ¿de qué hablamos? 

Permanezcan a la espera, todas nuestras líneas se encuentran 
ocupadas. 

En la sala de espera, todos desesperan, esperando. 

Los cristianos, la resurrección de la carne. Aceptemos lo 
que venga. En la otra vida habrá una recompensa. 

Los catalanes, la Independencia. Lógico, aquí se prefiere, 
a Faulkner, Kafka. 

Los dependientes, la ayuda a la dependencia. Sin ella, no 
nos llega para la hipoteca. 

Permanezcan a la espera, todas nuestras líneas se encuentran 
ocupadas. 

En la sala de espera, todos desesperan, esperando. 

Los cadáveres en las cunetas, a ser desenterrados. Rele¬ 
gadnos al olvido. Pero la injusticia y el oprobio que 
segaron nuestras vidas corroen también vuestros hue¬ 
sos, y como nosotros, seguiréis atrapados en el bucle 
interminable del mismo viejo disco rayado... 

Permanezcan a la espera, todas nuestras líneas se encuentran 
ocupadas. 

En la sala de espera, todos desesperan, esperando. 

Entre las últimas filas se encuentra también la Penélope, 
de Serrat, con su bolso de piel marrón, sus zapatos de 
tacón, y su vestido de domingo. ¿Ha llegado, para mí, 
alguna carta?, le pregunta el coronel. Y por último, el 


59 


fantasma de un marino soviético emite un dramático 
cablegrama: Por favor, el aire se agota, en el submari¬ 
no... 

Permanezcan a la espera, todas nuestras líneas se encuentran 
ocupadas. 

Permanezcan a la espera, todas nuestras líneas se encuentran 
ocupadas. 

Permanezcan a la espera, todas nuestut-tut-tut-tut-tut-tut-tut- 
tut-tut... 


60 


BIG BANG 


Una ciclópea explosión, 
en el principio de los tiempos, 
puso el Universo a caminar, 
y desde entonces, 

como en una enloquecida atracción de feria, 
se alejan los cuerpos entre sí, 
en una infinita huida hacia adelante. 

Y los jóvenes se alejan de la familia 
(vente a Alemania, Kevin), 

y los obreros se alejan de sus ideales de clase, 
y el dinero se aleja a los paraísos fiscales, 
y el barco se hace pequeño 
cuando se hunde en el mar, 
y los cuerpos giran centrípetos 
-como en la noria de Truffaut- 
y aislados, en un colosal naufragio, 
en la infinita deriva cósmica. 

Y sólo quedan las ganas de llorar, 
al ver que nuestro amor se aleja. 

Y también se aleja la esperanza en el progreso, 
y las miradas, en la calle, 


61 


y el barco se hace pequeño 
cuando se hunde en el mar, 
y unos hilillos de plastilina 
empiezan a borbotear. 

Y las especies se alejan del Holoceno, 

y el mercurio asciende en el termómetro, 
y el nivel del mar también asciende, 
y el barco aflora otra vez, 
cuando el mar se hace desierto. 

Y la canción se aleja de la música, 
y, de los versos, se aleja la poesía, 
y Disney, Disney, Disney, Disney, 
más Disney por favor, 

que toda la vida es frívola, 
que toda la vida es frívola, 
que toda la vida es frívola, 
y los sueños 

ya no son... 

Todas las cosas se alejan, en un demorado Big Bang, 
y sólo los productos y los seres confluyen, 
en un abigarrado Big Crunch, 
en la furia somnolienta del supermercado, 

¡hacia la gran confederación de todos los empujadores 
de carritos!, hasta que al fin seamos todos niños, 


62 


y la cajera nos pistolee aburrida, 

como en la intro de un episodio de los Simpson’s, 

y, ya devueltos al carrito primigenio, reposemos, 

junto al resto de átomos, bellamente empaquetados 

en relucientes cajitas de colores made in Germany, 

hermanados en la nietzscheana circularidad del instante 
eternamente repetido, 

y ¡SIEMPRE UN POCO MÁS DE TODO!, 

gritaremos,enardecidos, 

y, con lágrimas en los ojos, nos alejaremos, 

mientras la cajera, aburrida, nos mira un instante 

y continúa pistoleando seres y productos que amalga¬ 
ma, 

¡Oh, divina Elacedora!, 

en el carrito de la compra, el mismo 

que una civilización, años luz alejada, 

ciegamente venera, sin comprender aún, 

en las noches primitivas, al calor de la llama, 

cuando, en la cima del cielo, arrobada contempla 

el geométrico destello de la Osa Mayor. 


63 


La esperanza ha nacido muerta 


El más terrible de todos los sentimientos es el sentimiento de 

tener la esperanza muerta. 

Federico García Lorca 


Los cielos aparecen cubiertos de hondas, supurantes 
cicatrices. 

Los ríos se arrastran moribundos, acribillados a bala¬ 
zos. 

Los mares, cuarteados, se pliegan en sus goznes de sarcó¬ 
fago. 

Los organismos, meteoritos, se extinguen en la efímera 
noche de verano. 

Oh, por favor, no digáis nada a los niños. La esperanza ha 
nacido muerta. 

Los idiotas se alzan con todas las medallas en los Juegos 
Olímpicos. 

Los féretros se cubren de banderas y deambulan por las 
calles, entran en las tiendas, se sientan en los bares. 

Decenas de millones de asteroides orbitan las rotondas, 
en aburridos movimientos de rotación y traslación, 

alrededor de sí mismos, alrededor de expresiones como: 
«así está montado», «qué se le va a hacer» o «es ley de 
vida»... 

Oh, por favor, no digáis nada a los niños. La esperanza ha 
nacido muerta. 

Y me cruzo con Kafka, con Huxley y con Orwell, por la 
calle: se han afeitado la cabeza; han perdido la apues¬ 
ta. 


64 


Un rebaño de televisores pace en el prado. Sus pantallas 
parecen estáticas, desde lejos. 

Los hospitales, al fin, se han convertido en bancos. La 
sangre coagula en dinero; el dinero se lava en san¬ 
gre. 

Los asesinos acunan dulcemente al corazón delator y 
todo el mundo calla para no despertarlo. 

Se desentierra a los muertos; se les maquilla; se apuntalan 
y fotografían: espeluznantes retratos genealógicos; pᬠ
lidas escenas costumbristas. 

Oh, por favor, no digáis nada a los niños. La esperanza ha 
nacido muerta. 

Shylock, el usurero de Venecia, vuelve a exigir su libra de 
carne. El Tribunal Europeo le da la razón. 

Los poetas imitan a Chiquito de la Calzada. Las folcló¬ 
ricas reanudan la Academia y el Peripato. Anochece, 
como poco. 

Elay un partido de fútbol que nunca concluye. Los 
espectadores envían truncados wasaps a casa... 
¡¡Uuuuuuuuy...!! 

En el sumidero de la ducha, el alma yace enredada, junto 
a los pelos del pubis. 

Las presidentas del Congreso y del Parlament se aman. 
Sería romántico, si no fuese porque, para seguir la tra¬ 
dición, adoptan un bebé robado. 

No me quedan ya más hojas. Se me ha secado la sali¬ 
va. ¿Continuaréis la labor? ¡Escupios los unos a los 
otros! 

Oh, por favor, no digáis nada a los niños. La esperanza ha 
nacido muerta. 


65 



Europa 


No hay alternativa 
Margaret Thatcher 


En lugar de arrancarnos los ojos 

-como Edipo, 

tras conocer la verdad-, 

depositamos nuestros ahorros oculares 

en ilusorias pantallas de plasma, 

y a pesar de todo, una luz blanca 

(la luz blanca que restalla al destruir el nervio óptico) 

surcó, de punta a punta, el helado continente. 

Europa era una pista infinita de patinaje, 

donde todo resbalaba 

(las personas, sus derechos, sus ilusiones), 

mientras el dinero se acumulaba 

en funcionales iglús de diseño. 

Entretanto, la luz blanca se extendía 
y penetraba en cada casa; afuera, 
la ventisca, el crudo invierno. 

Y la gente se calentaba al calor del miedo... 

¡Qué triste Europa, en la perdurable Glaciación, 
tras sus vallas, sus alambres, sus cuchillas, 
sus porteros de discoteca nazis! 

Quizá se confunda, desde fuera, con un edén, una fría 
urbanización para ricos; desde dentro, 
por momentos se revela como una cárcel de helados 
barrotes. 


66 


Una luz blanca recorre Europa y se infiltra en la 
mente. 

La luz blanca de la Nada, donde todo se desvanece: 
el futuro, el apoyo mutuo, la solidaridad... 

Los ricos dormitan, con sus reservas de grasa, 
en el invierno glacial, mientras que los pobres, 
osos polares, aislados y enflaquecidos, en su islote, 
sienten resquebrajarse el hielo bajo sus pies... 

Si es que no encuentras la alegría en esta tierra, 
búscala hermano más allá de las estrellas. 


67 


Un meteorito impacta 
en la Avenida del Paral-leí 


Mientras paseaba por la Avenida del Paral-leí, 
en Barcelona, 

fui testigo del impresionante impacto de un 
meteorito, 

que, en cambio, pasó inadvertido para el resto de 
viandantes. 

Henri Cartier Bresson, el fotógrafo del instante 
decisivo, 

habría sabido capturar las sinuosas 
tracerías luminiscentes de los vehículos, 
el rímel corrido de los semáforos, 
la fosforescente secuencia de los paneles de neón 
(fucsia, azul celeste, anaranjado vivo, turquesa, 
amarillo), 

las fantasmales siluetas de los peatones, desdibujados en 
su movimiento, 
y, por último, 

la luz cenital del rótulo del supermercado, 
creando sombras profundas en el rostro de la mujer 
que, hincada de rodillas y con los brazos en cruz, 
suplica una limosna, por favor, para alimentar a mis 
hijos, 

con un indeterminado acento extranjero, 
justo en el momento en que un chiquillo se aproxima, 
montado en una minúscula bicicleta encarnada 
(los faros de un taxi estacionado iluminan ahora frontal¬ 
mente la escena): 

el momento del impacto de un beso del niño en la meji¬ 
lla de la mujer. 


68 


Ella 


Una mañana enmohecida 

de domingo. La calle, 

aún en sombra, empieza a llenarse 

de ancianos y minusválidos. 

Cuento hasta cinco: 
un callado, una muleta, dos muletas. 
Un tipo que camina 
de modo espasmódico. 

Un grupo de adolescentes 

con téjanos agujereados en las rodillas. 

Y de repente, 

tengo esa visión, 

el cotidiano apocalipsis zombi. 

Pero entonces, llega ella: 

¿Sabes? Por primera vez, 

en años, he hecho cola en la panadería. 

¡Pan de verdad, José! 

Ella... 


69 


Llamando a la Tierra 


A veces me pregunto si no habré muerto hace tiempo y 
sólo por inercia recorro los itinerarios calcinados. 

O si habitaré acaso una quimera, como el Segon Origen, 
de Pedrolo, poblada de infinitos hologramas. 

Sé que tengo un domicilio, pero jamás recibo cartas. Sa¬ 
ludo en el rellano a los vecinos, pero ninguno me res¬ 
ponde. 

Alguien ocupó mi puesto en el trabajo. Acudí al sindica¬ 
to, pero todos miraban al suelo. 

Me siento en el parque y contemplo las nubes reflejadas 
en un charco. Alguien me mira. Alzo la cabeza y no 
hay nadie. 

A veces se celebran elecciones, o la navidad, y las calles 
amanecen cubiertas de rostros, eslóganes o guirnal¬ 
das. 

Monto en la moto y conduzco al azar. Contemplo las ca¬ 
ras en la caravana, infinitos eslabones de una intermi¬ 
nable cadena. 

Me siento en un bar y pido un café. En las mesas, hay una 
incomprensible algarabía: las palabras son tan sólo la 
textura del ruido. 

En la frutería, alguien observa una injusticia, como de 
costumbre, desde el ángulo equivocado. Si interven¬ 
go, se genera una espontánea coreografía, y alguien 
filma un flashmob. 


70 


Pongo la radio o la televisión y, mientras cambio de ca¬ 
nal, me zambullo en el exasperante mundo de Lewis 
Carrol 1. 

En el silencio de la noche, escucho el llanto de un niño, 
una pareja haciendo el amor; y mi amante, que hace 
tiempo se marchó, o tal vez me echó de casa, se voltea 
y me despoja de la manta. 

Y en medio de la noche cósmica, me alzo e ingrávido flo¬ 
to, como un astronauta en un paseo por el espacio. 

ó ClClClCl dd dddd dd dddd Cid dddd 

... lldmdndo d Id Tierm, 
espemndo contestdción... 

Una vez escribí poesía; giran ahora, entre sargazos de ba¬ 
sura espacial, las palabras... 


71 


Paula o el llanto 


Quien no llora, no ve 
Víctor Hugo 

Va curvada como un signo de interrogación 

Dámaso Alonso 


I 


Adagio con anima 

Paula despertó de un sueño gris, plagado de ceniza: 

recubierta de una materia viscosa, fue violentamente vo¬ 
mitada por una terrible fuerza centrípeta; 

no quedaban ya sino los restos, alterados y remotos, de la 
niña, que una vez había sido 

(ingrávida astronauta viajaba a planetas alejados, recu¬ 
biertos de azúcar y algodón, con el núcleo de manza¬ 
na caramelizada), 

...No quedaban ya sino los restos, y el pulsar de una urna 
en que guardaba todos sus recuerdos, salvo los de 
aquel terrible maremoto, que a la postre, había preci¬ 
pitado su caída. 

Y otra vez, se le poblaba la memoria de raíces, y reptando, 
avanzaba hacia el centro del dolor: 


72 


ese cuadro lo podía haber pintado el Greco: la mortecina 
luz de aquellas velas, y los rostros, contorcidos por el 
éxtasis... 

Aquello había supuesto el fin del matrimonio, y con las 
hijas ya crecidas (pero gravemente enfermas del parᬠ
sito de la hipoteca), había emergido a una despiadada 
feria de ganado con veinticinco años de retraso... 

II 


Andante conforza 

Le faltaban seis años para la jubilación: aceptó un traba¬ 
jo, deprimente y mal pagado, en Barcelona, de pasan¬ 
te, en un bufete de abogados, 

y subía cada mañana al tren feliz, aunque nadie contesta¬ 
ra: «Buenos días, buenos días, hace una mañana estu¬ 
penda, ¿no es verdad?». 

Pero, con las horas, se iba enfriando. Eran tantas cosas... 
Empezó a pensar que aquella gente era inhumana... 

Elabía cientos de detalles, como cuando (ignorando su 
presencia) murmuraban: «Pero qué se habrá creído: 
¿seiscientos euros le parecen poco? Pues hay miles es¬ 
perando para entrar». Ella conocía las pingües canti¬ 
dades que ingresaban en sus cuentas cada mes; por 
otro lado, era exactamente su salario... 

Otras veces, recababan su opinión: «¿Cuáles te parecen 
más bonitos?». Pero Paula distinguía solo el precio, en 
la pantalla del portátil. «Trescientos euros por unos 
zapatos... la mitad de mi sueldo...» 


73 


No era inusual que, tras hablar con el cliente, negociaran 
otro acuerdo con la empresa. «Es lo que nos dan. Sí, ya 
sé que no es lo que dijimos, pero tienen buenas bazas 
y no ceden. Te lo piensas y nos llamas, ¿vale?». 

Los despidos suponían la mayoría de los casos. No podía 
empatizar con los ejecutivos: «Su indemnización tri¬ 
plica lo que yo no habría ganado ni en diez vidas». En 
cambio, con los Eres, se sentía trastornada: el alma se 
encogía al pensar en las familias destruidas. 

«¡Un negocio estupendo, esto de la crisis!», repetían, y el 
champán se derramaba, y el eco de sus voces persistía, 
en el tren, durante el viaje de regreso. 

Y aún tenía Paula un instante de felicidad, mientras ca¬ 
minaba hacia su casa, contemplando el crepúsculo in¬ 
cendiado. El sólo y fugaz regalo de sus días. 

Luego, cenaba pronto, y se acostaba. «Cuando te levantas 
y te acuestas con el mismo frío, estás perdida: el frío 
te ha vencido». Entraba el tren en Sants, con un largo 
pitido... 


III 


Vivace confuoco (con acqua) 

La mañana del 3 de febrero del 2014, entre las nueve y 
media y las diez, Paula empezó a llover. 

Los diques reventaron, uno a uno en su garganta, y las 
aguas comenzaron a brotar, incontenibles... 


74 


-Paula, ¿qué te pasa? Paula, por favor: ¡para! ¡Paula, 
Paula, Paula! -gritaba la jefa, dando órdenes al resto 
de empleados, para que pusieran las cosas a salvo. 

Pero enteros los legajos se les deshacían en las manos, 
mientras los ordenadores chisporroteaban antes de 
expirar. 

-Paula, ¿qué te pasa? Paula, ¡por Dios! ¡Para, para, 
para, para! 

Pero Paula no dejaba de llover. Había acumulado lágri¬ 
mas durante largos años de sequía, 

y las emociones se habían evaporado, mientras la cruel¬ 
dad centelleaba en las retinas verticales de taimados 
cocodrilos. 

-Paula, ¡deja de llorar! Por Dios, para, para de una 
vez. ¡Paula, Paula! 

Pero Paula no dejaba de llover. Y su piel, cuarteada, se 
regaba con el agua de los ríos; y la vida, impetuosa, 
brotaba de nuevo. 

-¡Paula, Paula, para, hija de puta! Estúpidos, ¿por qué 
no hacéis nada? 

Pero Paula repelía sus intentos propulsándoles el llanto, 
como un camión antidisturbios equipado con cañón 
de agua. 

-Paula, di: ¿qué te hemos hecho? Por favor, para, 
¡para ya! 

Pero Paula lloraba y lloraba, y los monzones anegaban 
los despachos de los abogados, y las fotos de familia y 
de las vacaciones -¡oh, cruel desgracia!- flotaban jun¬ 
to a cientos de despojos. 


75 


Pero Paula lloraba y lloraba y las lágrimas ascendían, 
como un tsunami, por las escaleras del primero, el se¬ 
gundo, el tercer piso... 

Y los ascensores eran arrancados de cuajo, con la furia de 
un tornado. 

...El cuarto, el quinto, el sexto piso... 

-Paula, detente, eso sí que no te lo permito... 

...El séptimo, el octavo, el noveno, el décimo piso... 

Los despachos de la presidencia y de la Junta de Accio¬ 
nistas. 

-Paula, ¡no!; por favor, ¡noooooooo...! 


IV 


Lento con dolore 

Paula lloró tres largos días y tres largas noches. 

Sin interrupción. 

Todo el santo día. 

Toda la maldita noche. 

Es preciso mencionar que provocó inundaciones, y man¬ 
tuvo en jaque a los servicios de emergencias, setenta y 
dos horas críticas. 

Llegaría a mi consulta hacia las cuatro de la tarde, rodea¬ 
da de efectivos de limpieza, que drenaban, bombea¬ 
ban y secaban el agua a su paso. 

Los agentes de la policía municipal se despidieron y pedí 
a Paula que aguardara en la sala de espera (había veni¬ 
do acompañada de su jefa): 


76 


«Paula, tienes que calmarte, esto no me lo hagas más», 
«No, señora, ya no más, no», asentía, enjugándose las 
lágrimas. 

«Pase, Paula», dije. «Por favor, usted espere aquí», detuve 
a la jefa. 

Unas nubecillas orbitaban su cabeza, al evaporarse el 
agua en contacto con los párpados enrojecidos. 

La sal, el agua, habían excavado surcos en la tez resque¬ 
brajada. 

Sonreía. ¿Por qué? 

«Paula, cuéntame lo que te ocurre». «Doctor, estoy bien, 
yo tampoco entiendo nada». 

Le hice pruebas y más pruebas. Tenía razón: nunca en¬ 
contraría nada. Y sin embargo, Paula sonreía, y llo¬ 
raba... 

«Paula -dejé mis gafas en la mesa y le dije-: estás comple¬ 
tamente sana, y quizá sea ese el problema...» 

(Me miró con extrañeza. Proseguí): 

«Es la sociedad, los psicópatas que te rodean...» 

«Doctor», me interrumpió con suavidad: «Necesito traba¬ 
jar». Su nariz goteaba, como un grifo mal cerrado. 

Miré hacia la ventana y contemplé un oblicuo haz de luz 
que se filtraba entre el polvo en suspensión. 

«De acuerdo, Paula. Toma estas pastillas y descansa una 
semana. Pronto estarás bien». 

Paula reposó el fin de semana y el lunes se incorporó al 
trabajo. 

Desde entonces no ha vuelto a llover. 


77 


«A veces», me confiesa, «para no escucharles mientras ha¬ 
blan, me pellizco en las piernas, con todas mis fuer¬ 
zas...» 

Y Paula se levanta y se va. 

Observo que ahora lleva siempre pantalones... 



(Paula o el llanto en la Ñau Bostik. Acompañando al 
piano, Mireia Hidalgo, con la música que ella mismo 
compuso, inspirada en el poema. 

https ://youtu .be/o-lxK7 8 OakI) 


78 







Liberar el virus contenido en la palabra podría ser más 
peligroso que liberar la energía del átomo. 


William Burroughs 



Las gastadas palabras 


Con la mortal desesperación de una madre que, entre 
lágrimas, 

abandona, a las puertas de una sórdida institución, 
la tierna crisálida, aún caliente, de su vientre. 

Con la enajenada determinación de un padre sirio, 
que introduce a su hijo por la ventana de un tren 
atestado 

y lo deposita en unas manos desconocidas 

-las improbables manos del azar-, 

dramáticamente preferibles a un infortunio conocido. 

Con idéntica actitud 

-aun salvando las distancias, las crueles distancias-, 
depositamos nuestros versos en internet, en un libro, en 
las paredes, 

confiando en que el destino les sonría, 

en que llamen a tu puerta y les abras el corazón. 

Y sin embargo, esta metáfora es tan banal 
como todas las palabras que en la noche duermen en los 
diccionarios, 

ajenas al fragor de los bombarderos, 
al estrépito ensordecedor de las detonaciones, 
al desgarro de los cuerpos, 
a los gritos, los gemidos de dolor, 
al fuego, el humo, la sangre, los cascotes, 
el llanto de los niños. 


83 


Pero, como el joven libio de la fotografía, 
yo también rescataría los libros de entre 
los escombros de mi derruida habitación, 
porque, más allá de las imágenes, imprescindibles, sí, 
pero a veces repetidas o caducas, 
aún confío en el poder de las palabras. 

El poder de hacer vibrar una campana, de suscitar 
la reflexión. De mover, decididamente, a la acción. 


84 


En el envés del folio escribo versos 


Versos que palpitan y despuntan bajo el tejido digital 
epiteliano, 

como la larva inoculada por la avispa en el interior del 
hospedero, 

como los dedos elongados bajo la alada membrana del 
murciélago, 

como las vigas en su avance paralelo bajo el techo enmo¬ 
hecido, 

como el relámpago, en el repentino cristal resquebrajado 
de la noche, 

como los pezones erizados bajo la tela del vestido, en el 
baile, 

como el miembro, bajo el eslip, mientras la mano se de¬ 
mora en el vientre, 

como una bala alojada en el cuerpo que, en ocasiones, 
paraliza de dolor, 

como el asesino emboscado tras el leve acordeón de la 
cortina, 

como la aguja que se interna en la carne (invertida esti¬ 
lográfica), 

mientras asciende impetuosa la sangre hacia el cartu¬ 
cho, 

como el tacto áspero y sinuoso de una cicatriz mal 
curada, 

como las raíces del árbol centenario, que comban y agrie¬ 
tan el pavimento, 

como los signos de un alfabeto braille, que aguardan el 
tacto versado, 


85 


como el texto invisible que anhela el calor de la llama 
para revelarse, 

como la pesquisa decisiva del teniente Colombo, 
que desarma al homicida acorralado, 
como el virus que, distraído, yace en el pasamanos y, 
mientras te alejas, 

se introduce en tus células y, gozoso, empieza a multipli¬ 
carse... 


86 


Ah, si yo supiera los gustos del público 


¡Ah, si yo supiera los gustos del público, la fórmula exacta 
para complacer a mis lectores! 

Rociaría mi cuerpo con gasolina y, a continuación, lo 
prendería, sin dudarlo, 

me subiría a una escalera y obsequiaría, con una lluvia 
dorada, a los asistentes a mis recitales, 

azotaría con un látigo sus espaldas, hasta que gimieran 
de placer, 

me disfrazaría de M punto Rajoy, para que la gente me 
patease por la calle, en carnaval, 

enaltecería el terrorismo en el twitter, brindaría con pa- 
charán y diría ahí va la hostia, cuando la policía viniera 
a detenerme, 

me pondría una corona de espinas, y aceptaría el trabajo 
más deprimente y peor remunerado, 

escribiría mis poemarios en papel higiénico; enloquece¬ 
ría por las noches y pintaría, con mis propios excre¬ 
mentos, los versos más procaces en las paredes de las 
pensiones, 

me alistaría como voluntario para viajar a Marte o luchar 
contra el Daesh o para que la ciencia experimentase 
con mi cuerpo y con mi mente, 

navegaría, en un globo decorado con la imagen del Santo 
Chumino, por un cielo de lunares, durante las proce¬ 
siones de Semana Santa, 


87 


entraría en la casa de Gran Hermano y liquidaría a to¬ 
dos los participantes, siguiendo escrupulosamente un 
guión de Agatha Christie, 

engordaría 300 kilos sólo para someterme a una rigurosa 
disciplina de adelgazamiento, y lloraría emocionado 
ante los avances decimales de la báscula, 

dejaría que Ferran Adriá emplatara una paella sobre mi 
cuerpo desnudo, para sorprender a Ángela Merkel, 
cuando nos visitase, 

ascendería, sin arnés, las Torres Mapire, las Torres Kio, la 
Torre Agbar y la cruz del Valle de los Caídos, 

saltaría desnudo al Camp Nou o al Santiago Bernabéu, 
envuelto en las banderas equivocadas, 

me declararía en huelga de hambre, hasta que la gente 
comiera en silencio en los restaurantes, 

me reencarnaría en los insectos, las bacterias, los micro¬ 
bios más despreciables.... 

¡Ah, si yo supiera los gustos del público, la fórmula exacta 
para complacer a mis lectores!. 


Un poeta arde en el facebook 


“¿La potente afición por las imágenes no se alimentará de 
una turbia oposición frente al saber?” 

Walter Benjamin 


Un poeta se quema a lo bonzo en el facebook. 

Ha incendiado su estado. Se retransmite en directo. 

Ha adoptado la posición del loto. 

Se ha cubierto la boca y los oídos. Se ha tapado los ojos. 

Un poeta, en el facebook, arde en directo. 

Decenas de voluntarios vierten cubos repletos de 
“Me gusta”. 

El humo se extiende ya a otros estados: 

los selfies aguantan como pueden, con lágrimas en los 
ojos; 

las fotos del perfil se hacen enmarcar con trapos moja¬ 
dos. 

El poeta sigue ardiendo en el facebook. 

Los bomberos, desconcertados, han reaccionado con un 
“Me gusta” a la cremación, que ha sido “Me enfada” 
luego y “Me sorprende”, después. 

Recomiendan, encarecidamente, no compartir, para evi¬ 
tar así que el fuego se extienda a otros estados. 


89 


El poeta sigue ardiendo en el facebook. 

En un estado más arriba, alguien tiene un mal día, y ne¬ 
cesita consuelo... 

En otro, alguien habla de la policía; en otro, del gobier¬ 
no; en otros muchos, de sí mismos; y todavía en algu¬ 
nos, de la entera humanidad. 

El poeta, aún, sigue ardiendo en el facebook. 

Sentado, en la posición del loto, sobre haces de palabras 
resecas que, ahora sí, cumplirán su cometido. 

«Elay que ver lo que hacen algunos para llamar la aten¬ 
ción». El comentario obtiene tres me gusta, Dos me 
alegra. Un enfado. 

El poeta apenas humea ya en el facebook. 

Su estado ha sido reducido a cenizas. 

La imprudente acción -han dicho en las noticias- ha cau¬ 
sado daños de cierta consideración. Pero, afortunada¬ 
mente, no se han producido otras víctimas... 

Algunos aseguran ver al poeta, en el vídeo, encender un 
fugaz cigarrillo. 

Tal vez su broma postrera... 


90 


El poeta invisible 


El poeta invisible escribe versos invisibles que pulsan 
cuerdas inaudibles de emociones imperceptibles en 
personas invisibles. 

El poeta invisible publica libros invisibles que acumulan 
un polvo invisible en las invisibles estanterías de libre¬ 
rías invisibles. 

El poeta invisible organiza invisibles presentaciones a las 
que acude un gran número de amigos invisibles, así 
como invisibles personalidades del invisible mundo 
de la cultura. 

El poeta invisible participa en antologías invisibles para 
contribuir a visibilizar la invisible poesía de poetas in¬ 
visibles. 

El poeta invisible es invitado a programas de radio invi¬ 
sibles, donde es entrevistado por locutores invisibles, 
mientras que becarios invisibles (con sueldos invisi¬ 
bles) se ocupan del sonido inaudible. 

Sus versos invisibles viajan, inmóviles, a través del espa¬ 
cio invisible hasta los sordos oídos de oyentes invisi¬ 
bles. 

El poeta invisible participa en festivales invisibles de poe¬ 
sía, donde los poetas invisibles manifiestan un recípro¬ 
co interés invisible. 

El poeta invisible publica poemas invisibles a través de las 
invisibilizadoras -a fuerza de visibilizarlo todo- redes 
sociales, donde obtiene un número indeterminado de 
seguidores invisibles, que se prodigan en invisibles li- 


91 


kes. Sus poemas se pierden, como lágrimas invisibles, 
en el fakebook. 

El poeta invisible obtiene, a menudo, dinero invisible 
para cubrir sus gastos visibles. 

El poeta invisible, después de años de invisibilidad, es fi¬ 
nalmente avistado por astrónomos aficionados, desde 
distintos puntos del mundo visible. 


92 


Qué es poesía 


Un salto que consuma el espacio 
donde debería terminar. 

Roberto Juarroz 


La verdadera poesía es de un blanco puro, 
decididamente sobreexpuesto o, por el contrario, 
dramáticamente oscura. Podría ser monocroma 
o ajustada a una cierta gama de colores. 

Y, por qué no, una rutilante feria de neón, 
contra el cielo azul tungsteno de la noche. 

La no poesía es incolora. O de tonos pastel. 

La verdadera poesía sabe a pan caliente -recién hornea¬ 
do- con aceite, 

a vino blanco, a orujo, al chocolate con churros de la 
infancia, 

la poesía sabe, ¿lo recuerdas?, como cada primer beso. 

La no poesía es insabora. O sabe a palomitas de 
multicine. 

La verdadera poesía suena como el canto de los pájaros, 
tras la lluvia, 

como el dodecafónico ensayo de la orquesta, 
como el silencio ensimismado de Miles Davis... 

La no poesía es monocorde. O un éxito de Kiss Fm. 


93 


La poesía huele como el campo en primavera, 
como el cuero nuevo o el café recién hecho, 
como un ascensor impregnado en su perfume favorito, 
y te sientes sin fuerza para pulsar ningún botón... 

Pero, de repente, los presionas todos, decidido a pasar 
(mientras se cierran las puertas) la postrera noche jun¬ 
tos. 

La no poesía es inodora. O huele a pelusilla del ombligo 
de una infanta. 

La verdadera poesía tiene los senos y el culo alto, 
sabe distinguir un melón maduro magreándolo en la 
base. 

La poesía eriza inopinadamente la piel, como un húme¬ 
do beso en el cuello. 

La no poesía es lisa y blanda, como las tripas de un sofá. 

La verdadera poesía se mueve como las olas, 
gira en círculo (o en espiral) por el espacio infinito, 
y baila siempre el tango, con geométrica y cortante pre¬ 
cisión. 

La no poesía camina como Chiquito de la Calzada. 

La verdadera poesía se ajusta a las proporciones de la 
perspectiva áurea, 
es bella y es fea, 

a veces una beldad, a veces una carroña, 
a veces, ni siquiera tiene forma. 

Poesía eres tú cuando eres tú, o mejor, un autre. 


94 


La no poesía escribe siempre en papel pautado. 

La poesía te despierta en medio de la noche, 
y hará que te resfríes persiguiendo el inaprensible It, de 
Jack Kerouack. 

La no poesía también. 

Y ahora, si aceptáis un consejo, cortejad la no poesía. 

La poesía es demasiado altiva y apenas baila con nadie. 
Cuenta un amigo que una vez la vio bañarse, bajo el claro 
de luna, en el río. 

Parecía un trémulo árbol en otoño, incendiado al sol del 
mediodía. 

Mi amigo se quedó ciego en el acto y, desde entonces, 
toca el piano en un bar, 

donde cada noche, sus dedos corren al encuentro del si¬ 
nuoso y centelleante 

fulgor carnal, y las parejas se mueven, como olas, en la 
pista, 

y giran, como cuerpos celestes en el espacio, 
y se besan en la calle, contra el cielo azul tungsteno de la 
noche, 

y se palpan, con dedos expertos, 
y vuelan a sus casas, donde hacen el amor, 
y arden, trémulos y enervados, 

como árboles en otoño incendiados al sol del medio¬ 
día. 

¿Y aún preguntas que es poesía? 

Poesía es ser Uno con la vida. 


95 


Todo es perfecto 


Dije: Todo , completo. 
¡Las doce en el reloj1 

Jorge Guillén 


La una de la madrugada 
y todo es perfecto. 

El calor sofocante, 

el vehículo que adelanta por la derecha 
y la rotonda sin iluminar: 
todo es perfecto. 

La Luna menguante, 
las golondrinas en el nido 
y las bolsas de basura, 
desparramadas por el suelo: 
todo es perfecto. 

La última noche de la temporada en el Bodegón 
Poético, 

un poco más floja quizá 
(el calor, la pereza o el Barita), 
pero un poeta absolutamente heroico: 
todo perfecto. 

La cervecita con los colegas, 

otro colectivo que se deshace, 

la gente no se implica, 

los viejos están de vuelta, 

los jóvenes no se esfuerzan, 

el anarquismo es una cosa muy rara... 


96 


Y todo es perfecto. 

El cáncer flota en el aire enrarecido del Baix Llobregat, 
la próstata protesta, 

y el emparedado de jamón dulce y queso es perfecto, 
y un pájaro canta, y todo es perfecto. 

El sueño ya me arrulla y, aunque el poema 
es claramente imperfecto, todo es perfecto. 

El camión de la basura proyecta luz estroboscópica 
en la pared del dormitorio, 
y mañana tendré resaca y todo será perfecto. 

Sí, todo será perfecto. 

¡Todo será perfecto! 


97 


Nocturno 


Todos los hombres tienen erecciones mientras sueñan. 

Sigmund Freud 


Todos los hombres tienen erecciones mientras sueñan, 

y afuera se aprecia el efecto Doppler en las voces de 
contralto y mezzosoprano de adolescentes al pasar. 

Aúlla el huracán, 

y el jinete de Magritte galopa, frenéticamente traslúcido, 
en el hayedo. 

Aún está alta la noche, y los hombres tienen erecciones 
en la fase REM del sueño, 

y las mujeres se enroscan, y sus miembros se prodigan, 
con el fílmicamente acelerado crecimiento milenario 
de raíces en el húmedo subsuelo. 

Cae arena sobre tus párpados. ¡¿Estás siendo enterrado 
vivo?! Desesperadamente intentas moverte, mientras 
cae arena sobre tus párpados. 

Era solo un sueño. Vuelve a dormir... 

Los astros tiritan azules a lo lejos y, bajo la quilla de los 
barcos, el hielo crepita y se resquebraja. 

El Nautilus desciende rápidamente hacia las más profun¬ 
das honduras oceánicas: 

fosforescentes criaturas de improbable anatomía cente¬ 
llean y se desvanecen en la noche abisal. 


98 


Nuestro amor de quince años yace ahogado, como Ofe¬ 
lia, en el estanque, y la voz se nos clava en la garganta, 
como entonces. 

Las carrocerías de nuestros viejos amantes se oxidan al 
sol, orilladas en los desiertos de la Ruta 66. 

Una nube atraviesa la Luna en cuarto menguante, como 
una caravana bereber en el desierto. 

A la luz de la Luna yo te besaba en el coche y tus ca¬ 
bellos fosforecían y toda tú eras un salto de agua y 
tus pechos cabrilleaban como peces bajo la superficie 
del estanque y erecto en el sueño descendía, como el 
Nautilus, hacia tus más profundas honduras oceáni¬ 
cas, y tus miembros se prodigaban en torno a mí, con 
el fílmicamente acelerado crecimiento milenario de 
raíces en el húmedo subsuelo, y en tus pupilas desva¬ 
necidas centelleaba un instante el placer reflejado de 
las mías... 

Todos los hombres tienen erecciones en la fase REM del 
sueño, y en las ciudades, las sombras se extienden, en 
diferentes direcciones, bajo la anaranjada luz de las 
farolas. 

¡Cinco minutos y a escena! Nuestros amigos y enemigos se 
confunden, en el caótico cabaret de la noche. 

La función está a punto de empezar: es probable que be¬ 
ses a quien trató de envenenarte, o que revivas una 
escena que, en realidad, nunca sucedió. 

En los camerinos, los familiares actores ensayan sus pa¬ 
peles: un desconcertante collage, no exento de senti¬ 
do... 

Los sueños zurcen y recomponen los calcetines que la 
vida nos fue gastando, 

y a veces, durante un instante 


99 


-como el rayo verde-, muestran 
nuestro reverberado rostro subacuático prenatal, 
aquél que una vez abandonamos en la maleza, ante el 
venidero y ya incesante trasiego de máscaras. 
Amanece, y el no-gallo canta, en su parquinsoniana e 
invisible silueta, de rey polichinela, el primer wasap 
del día. 

Nuestro cuerpo, vomitado por la marea, emerge del sue¬ 
ño y oh, milagro, aún respira. 

...Ya encendió el Sol sus candelabros y la Tierra, 

esa vieja prostituta, demacrada y triste, 

se apresta a iniciar su aprendida singladura, surcando, 

monótonamente, 

intangibles islas de frío y soledad... 


100 


Insomnio 


Creo en las noches. 

Ri/ke 


Hay un rumor de trueno 

en la piedra cilindrica de la noche, 

que amasa y contiene 

todos los taxis, 

todos los burdeles, 

los rugidos de motores en celo, 

los sollozos contra la almohada, 

los infinitos trenes que recorren 

monótonamente 

la noche. El ladrido de los perros, 

el llanto desgarrado de los niños, 

el efecto Doppler de las ambulancias 

y los coches de la policía. 

El zumbido de los mosquitos, 
el cri-cri de los grillos, 
el crujido de los muebles, 
la oración del frigorífico. 

El fragor subacuático del pub, 
tras las puertas herméticas, 
el escape libre del ciclomotor, 

los gritos degollados de los gatos y el sinuoso ronroneo 
de las gatas en celo. Los aplausos 


en el cabaret. Las sillas 
apiladas, las terrazas que recogen. 

Lo siento, vamos a cerrar. 

Los cristales rotos, las navajas, 

el pulso tenaz de zapatos deshabitados, 

el frufrú de las sábanas, 

el oleaje de millones de alas de murciélagos. 

El silencioso aleteo de los párpados 
en la fase REM del sueño, 
y el agua bautismal 

sobre las calles 

putrefactas... 


EPÍLOGO 


Somos una sociedad de células que cooperan de 
maneras fabulosas para mantenernos vivos y en buen 
estado , pero las células cancerosas rompen todas las reglas 
de cooperación en esta comunidadfeliz. 

Lewis Wolpert 


103 



Se trata de cáncer 


Se trata de cáncer, se trata de cáncer, se trata de. 

Hundirán sus manos en tu cuerpo 
y la sangre correrá canalizada, 
mientras que una precisa coreografía 
de batas y bisturíes se desplegará 
al ritmo de tus constantes vitales 
monitorizadas. El mundo 
cerrará el telón con languidez, 
tras recorrer interminables pasillos 
de hospital, frente a la mirada indiferente 
de un anónimo camillero. 

Se trata de cáncer, se trata de cáncer, se trata de. 
Hundirán sus manos en tu cuerpo 
y abrirán, sajarán, succionarán, extirparán 
un poco más allá de lo necesario, 
para asegurarnos de que lo extraemos por completo. 
Aunque habrá que valorarlo tras la operación, 
no descartamos la quimioterapia, 
combinada con sesiones de radio. 

Se trata de cáncer, se trata de cáncer, se trata de. 
Hundirán sus manos en tu cuerpo, 
profanando ese orden sagrado que perduraba 
desde tu nacimiento. El coordinado, 
envolvente brotar de las células, 
de fuera hacia dentro. El mágico demiurgo 
genético, proteínico. 

Podemos evitar el dolor 
(excepto en la parte de la quimio). 

La vida será diferente, pero vida al cabo. 


105 


Las probabilidades de éxito, como ve, son notables. 

Es sólo cuestión de tiempo, el cáncer 
siempre llama dos veces, habías oído 
decir a un investigador, amigo tuyo. 

Tanto va el cántaro a la fuente que, al final, 
las instrucciones se corrompen o desordenan. 

Fumabas, bebías, una vida sedentaria, 
una dieta inadecuada -según tu fenotipo-, 
ingerías productos tóxicos, vivías en una zona 
expuesta a contaminantes, 
o, simplemente, se activó tu reloj genético: 
esa parte de la herencia, no deseada. 

Se trata de cáncer, se trata de cáncer, se trata de. 

Y ahora, el desorden del mundo 

está también en ti. Al fin lo has conseguido: 

¡ser Uno con el Todo! 

Miras, a través de la ventana, y comprendes 
que la humanidad es también un cáncer: 
toneladas de hormigón vertidas en infinitos hexaedros, 
como piezas de dominó, hasta la náusea; 
innumerables arterias, surcadas por tracerías 
luminiscentes 

se retuercen, en diferentes direcciones y a distintos 
niveles. 

La humanidad, cancerígena, se expande, 
tratando de alcanzar un último tejido sano, 
de prolongar, un poco más, la rutina metastásica. 

La naturaleza, en todas partes, acalla un último estertor. 
Se trata de cáncer, se trata de cáncer, se trata de. 

Y ahora, por fin, el cáncer se extiende, 
sin solución de continuidad, dentro 


106 


y fuera de ti. El cáncer y tú 
ya sois lo mismo. Aunque, 
quizá, siempre lo fuisteis. 

Desde tu más tierna infancia. 

Tus valores y tu modo de vida. 

Tu mundo. Era sólo un cáncer. 

Y el cáncer se multiplicaba, en proporción geométrica, 
por todo el planeta, en rápida metástasis: 
el fuego, el agua, el viento, la tierra, el pensamiento, la 
palabra, 

lo bello, lo justo, lo bueno, lo banal y lo sublime, 
lo cierto y lo incierto, el arte, la cultura, 
la educación y el alimento: 

todo era arrojado diariamente a la colosal trituradora, 
en provecho 

de las células cancerígenas, 
en detrimento 

del apoyo mutuo y la solidaridad, 
que habían sostenido 
el equilibrio en el organismo, 
el equilibrio en el planeta. 

Ánimo, saldremos adelante, 

te dice el doctor; estrechas su mano. 

Recibes unas palmaditas en la espalda, 
mientras traspones por la puerta. 

Tus ojos miran de nuevo 
el mismo mundo de siempre... 


107 


índice 


PRÓLOGO.9 

El camello visitó Sthetic Center.15 

Me digo radical.17 

Impotencia.18 

Jornada de reflexión.19 

Oda al obrero de derechas.20 

Casilla de salida.22 

Una envasadora, en Vícar, Almería.24 

Homenaje a los estibadores.25 

Poema para la Txivi.26 

Dignity .28 

El entierro de Suárez.33 

Elegía a Jesús Hermida.36 

Barcelona expira.37 

El incidente.39 

La élite.43 

La eterna rotonda.45 

Ajuste de cuentas.46 

A por ellos, oé .48 

«Pobreza energética».51 

Sermón del Padre Icaria.52 

Rumba de los Impriendedores.53 

A través de la chimenea.57 

En la sala de espera.58 

BIGBANG.61 

La esperanza ha nacido muerta.64 

Europa.66 

Un meteorito impacta 

en la Avenida del ParaHel.68 


108 






























Ella.69 

Llamando a la Tierra.70 

Paula o el llanto.72 

Las gastadas palabras.81 

En el envés del folio escribo versos.83 

Ah, si yo supiera los gustos del público.85 

Un poeta arde en el facebook.87 

El poeta invisible.89 

Qué es poesía.91 

Todo es perfecto.94 

Nocturno.96 

Insomnio.99 

Se trata de cáncer.103 


109 
















Este libro se acabó de maquetar, im¬ 
primir y encuadernar en los talleres de 
Descontrol Editorial en Can Batlló en 
abril de 2018